Proyecto de paisaje sonoro, oído social y ruidismo realizado en noviembre y diciembre de 2016 como parte de una residencia artística en el Festival de Arte Sonoro TSONAMI 2016 en la ciudad de Valparaíso.
Walter Benjamin escribió que el bar es la llave de cada ciudad: “alcanza como conocimiento geográfico y etnológico”. Con esta premisa en mente, me dediqué a recorrer las viejas cantinas ubicadas en los sectores El Almendral y El Puerto. Tomé fotos y registré audios de los bares La Sirenita, Nuevo Hollywood, El Rincón de Manuel, Parlamento Chico, Le Maison Doreé, Doris, Liberty, Lugo’s, La Asturiana e Imperio, entre otros. Todos estos lugares están ubicados en la zona que en Valparaíso se denomina plan (planicie costera entre la bahía y los cerros) y son colindantes con la infraestructura portuaria, comercial y político-administrativa de la ciudad.
Se puede afirmar que los ambientes sonoros de estos locales forman parte de la identidad urbana de la ciudad y de una densa capa sonora (¿ruidosa?) conformada por el sonido del transporte público y las maquinarias portuarias y de construcción, así como los sonidos del movimiento comercial y turístico.
Una de las fuentes sonoras que caracterizan a las viejas cantinas de Valparaíso son las máquinas tocadiscos (Wurlitzer) en las que se escuchan principalmente baladas románticas y rock clásico, canciones que refuerzan la sensación de nostalgia y tiempo detenido que se percibe en estos lugares. Desde un punto de vista sociocultural, se aprecia la importancia del bar como espacio de encuentro y conversación.
Las conversaciones en estos lugares tienen un tono más evocativo o anecdótico vinculadas a historias familiares, pero también a la transformación urbana —“cuando esto era puerto puerto”— y a los cambios en los rubros y costumbres de las propias cantinas, que en otras épocas funcionaban como boîtes. La sonoridad interior de las cantinas presenta cierta uniformidad debido a la superposición y al acoplamiento de ruidos, voces y canciones.